Un santuario
De gotas que trepidan en las hojas de los árboles.
Mientras todos corren
Hacia las seis de la tarde
-Como para salvarse-
Yo me quedo inmóvil frente a mi ventana.
Y la lluvia sigue cayendo
Desde el cielo, inacabable.
Octubre de plumas húmedas,
De ligustros brillantes,
De perros que en sus caniles
Comparten un silencio imperturbable.
Brotan las palabras,
Viajan desde el limbo hasta mi carne,
Se despeñan, ruedan, y caen
Para estrellarse
En esta hoja de papel
Que sólo intenta hablarme.
miércoles, 19 de octubre de 2011
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